derecho pemian

Friday, June 23, 2006

Estudio de Comte

Sobre Comte

¿Es la Filosofía algo inherente al hombre, la podemos clasificar, qué busca…, si como neófitos nos hablan del positivismo –qué entendemos-, hacía dónde podemos dirigir nuestros pasos para comprender semejante marchamo?

Podríamos comenzar buscando una definición global de la filosofía que nos oriente y paso a paso nos acerque a una comprensión, al menos abstracta del plano en el que queremos realizar nuestro aprendizaje.

¿Qué es la filosofía? Muchos se dan por satisfechos con la respuesta etimológico-psicológica: es el amor al saber. Como si el amor o el deseo de saber tuviera que ser, por sí mismo, filosófico, siendo así que casi siempre el deseo de saber es de índole práctica, tecnológica o científica, y muchas veces frívola curiosidad o curiosidad infantil; y como si la filosofía no fuese también algo más que un mero amor al saber, es decir, como si la filosofía no comportase por sí misma un saber, por modesto que sea.
La respuesta a la pregunta ¿qué es la filosofía? sólo puede llevarse a efecto impugnando otras respuestas que, junto con la propuesta, constituya un sistema de respuestas posibles; porque el saber filosófico es siempre un saber contra alguien, un saber dibujado frente a otros pretendidos saberes.

Por ello, nuestro término, que intentamos analizar bajo su maestro, que es en realidad el analizado, en su pretensión, en su idilio amoroso con el saber, emprende el un nuevo camino, innovador y distinto hasta entonces no dispuesto a refutación, no se encontraba en el tapete.

Parte Comte de la afirmación que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó estos estadios en su voluminosa obra Curso de filosofía positiva (6 vols., 1830-1842). Dada la naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por "tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo". En el estadio teológico los acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o positivo, se empeña en explicar todos los hechos mediante la aclaración material de las causas. Toda la atención debe centrarse en averiguar cómo se producen los fenómenos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas a su vez a verificaciones observacionales y comprobables. La obra de Comte es considerada como la expresión clásica de la actitud positivista, es decir, la actitud de quien afirma que tan sólo las ciencias empíricas son la adecuada fuente de conocimiento.








Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en determinadas actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en esas nociones que hablan del Derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos tales como el contrato social, la igualdad de las personas o la soberanía popular. El estadio positivo se caracteriza por el análisis científico o "sociológico" (término acuñado por Comte) de la organización política. Bastante crítico con los procedimientos democráticos, Comte anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de doctos que empleara métodos de la ciencia para resolver los problemas humanos y para imponer las nuevas condiciones sociales.
Aunque rechazaba la creencia en un ser trascendente, reconocía Comte el valor de la religión, pues contribuía a la estabilidad social. En su obra Sistema de Política Positiva (1851-1854; 1875-1877), propone una religión de la humanidad que estimulara una benéfica conducta social. La mayor relevancia de Comte, sin embargo, se deriva de su influencia en el desarrollo del positivismo.
Los tres estados

El querer saber está en plena armonía con la verdadera situación inicial de nuestra inteligencia, el ser humano busca ávidamente, y de un modo casi exclusivo, el origen de todas las cosas, las causas esenciales, los conocimientos absolutos. Se satisface la necesidad asimilando todos los fenómenos. Emprende Comte su teoría, con el saber Teológico, o estado Teológico y en él distingue tres formas que le pertenecen: fetichismo, politeísmo y monoteísmo.

Fetichismo: en que se personifican las cosas y se les atribuye un poder mágico o divino. La adoración de los astros caracteriza el grado más alto de esta primera fase. Se encuentra en la historia intelectual de todas nuestras sociedades.
Politeísmo: representa la libre preponderancia especulativa de la imaginación. En que la animación es retirada de las cosas materiales para trasladarla a una serie de divinidades, cada una de las cuales presenta un grupo de poderes: las aguas, los ríos, los bosques, etc. En su contexto, Comte, nos dice que la mayor parte de nuestra especia no ha salido todavía de tal estado.
Monoteísmo: la fase superior, en la que comienza la decadencia de la fase inicial, y ahora, todos esos poderes divinos quedan reunidos y concentrados en uno llamado Dios.
En este estado, predomina la imaginación, y corresponde a la infancia de la humanidad. Es también, la disposición primaria de la mente, en la que se vuelve a caer en todas las


épocas, y solo una lenta evolución puede hacer que el espíritu humano de aparte de esta concepción para pasar a otra. El papel histórico del estado teológico es irremplazable.

El metafísico

O estado abstracto, es esencialmente crítico, y de transición, Es una etapa intermedia entre el estado teológico y el positivo. En el se siguen buscando los conocimientos absolutos. La metafísica intenta explicar la naturaleza de los seres, su esencia, sus causas. Pero para ello no recurren a agentes sobrenaturales, sino a entidades abstractas que le confieren su nombre de ontología. Las ideas de principio, causa, sustancia, esencia, designan algo distinto de las cosas, si bien inherente a ellas, más próximo a ellas; la mente que se lanzaba tras lo lejano, se va acercando paso a paso a las cosas, y así como en el estado anterior que los poderes se resumían en el concepto de Dios, aquí es la naturaleza, la gran entidad general que lo sustituye; pero esta unidad es más débil, tanto mental como socialmente, y el carácter del estado metafísico, es sobre todo crítico y negativo, de preparación del paso al estado positivo; una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de llegar a la adulta.

El positivo

Es real, es definitivo. En él la imaginación queda subordinada a la observación. La mente humana se atiene a las cosas. El positivismo busca sólo hechos y sus leyes. No causas ni principios de las esencias o sustancias. Todo esto es inaccesible. El positivismo se atiene a lo positivo, a lo que está puesto o dado: es la filosofía del dato. La mente, en un largo retroceso, se detiene al fin ante las cosas. Renuncia a lo que es vano intentar conocer, y busca sólo las leyes de los fenómenos. Es la edad viril. La pura imaginación pierde irrevocablemente su antigua supremacía mental y se subordina necesariamente a la observación, construyendo un estado lógico.

Reconoce la imperfección de los medios especulativos, no se puede garantizar las existencias reales. Centra sus comentarios en la astronomía de la cual, extrae la relatividad de nuestros conocimientos debido a la especulación de sus transformaciones o alteraciones.

La observación es condición primordial de cualquier especulación científica y la interpretación ha de ser coherente para que la ciencia real no degenere. El verdadero espíritu positivo consiste en –ver para prever-, estudiar lo que es, y después concluir lo que será, por la invariabilidad de las leyes naturales.

El esfuerzo filosófico se verá contestado por las necesidades puramente mentales y estimulantes por los impulsos prácticos. Estos necesitan de orden y progreso, o de unión y extensión. En la maduración de nuestra mente, prescindimos de lo inaccesible, la filosofía positiva nos da una satisfacción más completa y real, respecto al orden y progreso. En cualquier cuestión existe una diferencia de apreciación entre apreciaciones estáticas y las dinámicas. Explicaremos y preveremos los fenómenos en su momento presente y pasado, el porvenir tendrá su parte de previsión en relación con otros datos.

La disposición que debe prevalecer en la filosofía positiva ha de ser siempre en cuanto al hombre, la sociedad y en cuanto a los fenómenos más sencillos, para formar una rueda de molino, que desde su punto inicial de su giro con retorno al mismo punto, es la actitud espontánea del espíritu positivo que constituye la unidad final de nuestro entendimiento. Nos indica esta premisa el fundamento filosófico de la sociabilidad humana dependiente de nuestra inteligencia, constructora de unidades lógicas, la fusión de la asociación humana de conformidad con sentimientos y la convergencia de intereses.

Hay predilección por los conocimientos reales, racionalidad y positividad Adaptación de nuestra conducta al orden natural. Advierte que la ciencia y el arte, por la falta de extensión de la filosofía natural, no han podido ser comprendidas convenientemente. La Humanidad necesita de un mejoramiento continuo de su propia naturaleza individual y colectiva, y así, aquellos han de ser necesariamente, políticos y morales, no sólo geométricos y mecánicos o químicos.

De la implantación anterior de la teología y la metafísica, nace irrevocablemente la necesidad de un orden nuevo. La insuficiencia social que estos ofrecen, la incipiente anarquía intelectual y moral de la crisis moderna, ha de llevar consecuentemente a la mayor aceptación del espíritu positivo. Sus antecedentes científicos y lógicos, su pureza ante las aberraciones contemporáneas la dotan de una generalidad filosófica que anteriormente faltaba. Lo actual es el resultado del estado anterior, es necesario el progreso hacia un fin determinado, las anteriores discusiones ontológicas no han llegado a demostraciones decisivas y por ello, los conocimientos positivos, extraños a filosofías antiguas, serán inspiradores del devenir. Es necesaria la constitución de una teoría sociológica que explique la totalidad del pasado humano.

Alcanzar la conquista, práctica y teórica, del dominio moral, entregado cada vez más a la razón humana. Ruptura de la condena a no poder fundar reglas de conducta más que por motivos quiméricos, eternizando una desastrosa oposición, entre las necesidades intelectuales y las necesidades morales. La teología es imprescindible para consolidar la moral

Junto a la ley fundamental de evolución, que necesariamente tiene que cumplir un aspecto dogmático y otro histórico, es decir ordenar las ciencias en un tracto sucesivo de dependencia y por otra parte, el orden cronológico con su extremo más reciente, las especulaciones son menos abstractas y a la vez más difíciles, pero eminentes y completas. Hombre y mundo exterior serán su preámbulo que nos prepara para la filosofía social. Evolución individual y colectiva. La astronomía reina madre por su positividad.

Mediante la jerarquía científica se deslinda el materialismo y el espiritualismo sobre toda especulación advirtiendo que ninguna ciencia puede llegar a una verdadera positividad si su carácter propio no se encuentra totalmente consolidado


En resumen:

Comte, es el fundador de la Sociología, fundamenta la ciencia positiva en el estudio de la Humanidad, abstracción de lo subjetivo sin desdeñar éste. Para Comte no puede haber una pluralidad, sino un abstracto absoluto divinizado. Es indispensable una reforma de la organización social y por paralelismo esencial la reforma del pensamiento y de las ciencias. Las reminiscencias del pasado siguen subsumidas en la sociedad, diría “los vivos son esencialmente gobernados por los muertos”en la que discurre su tiempo, en diferentes estadios y sociedades siguen vigentes los llamados – tres estados-, la más patente sin duda alguna es la metafísica, aderezada de un teología monoteísta y algún que otro brote de lo restante. Recordar que para el filósofo está convencido de que hay una radical convergencia entre la visión cristiana del hombre y lo que la filosofía ha descubierto de forma independiente, por medio de la razón, examinando el significado de la visión cristiana de Dios y del hombre, uno se encuentra que responden a rasgos que el pensamiento descubre. De esta forma alcanzan una validez independiente de la fe, con una justificación nacida del análisis de la realidad humana. Todo esto permite a Marías afirmar que para que la vida humana pueda ser lo que fenomenológicamente es, para que sea lo que se muestra, hace falta que haya Dios (este es un breve comentario de Julián Marías).
El espíritu positivo quiere instaurar un orden social “El orden se convierte en la condición permanente del progreso, en tanto que el progreso constituye el fin continuo del orden” La constitución de un saber positivo es la condición de que haya una autoridad social suficiente, y esto refuerza el carácter histórico del positivismo. Comte valora altamente el papel de organización que corresponde a la iglesia católica; en la época metafísica, corresponde la influencia social a los legistas; es la época de la irrupción de las clases medias, el paso de la sociedad militar a la sociedad económica; es un período de transición, crítico y disolvente; el protestantismo contribuye a esta disolución. Por último, al estado positivo corresponde la época industrial, regida por los intereses económicos, y en ella se ha de restablecer el orden social, y este ha de fundarse en un poder mental y social.
Es la reformulación del ordenamiento del conocimiento, aparentemente, una reflexión sobre la ciencia. Después de agotadas éstas, no queda un objeto independiente para la filosofía, sino ellas mismas; la filosofía se convierte en teoría de la ciencia. Así, la ciencia positiva adquiere unidad y conciencia de sí propia. Pero la filosofía, claro es, desaparece; y esto es lo que ocurre con el movimiento positivo del siglo XIX, que tiene muy poco que ver con la filosofía.
Pero en Comte mismo no es así. Aparte de lo que cree hacer hay lo que efectivamente hace. Y hemos visto que:
Es una filosofía de la historia (la ley de los tres estados) No es de extrañar, filósofos de renombre, Ortega, Marías, etc, otorgan una importancia vital al pasado, en relación de alteridad entre los distintos estadios. Las bases fundadas siempre son refutadas por las nuevas disposiciones, pero para ello ha habido que tenerlas en cuenta, que estudiarlas y entenderlas. Viene a ser como la necesidad de momentos presentes que necesitan ser renovados por las necesidades que se subsumen en los en su cotidianeidad, ávidos de nuevas perspectivas, de nuevos puntos de vista que no nos mantengan anclados en cotas inamovibles. A pesar de lo dicho, para él, el problema del progreso nace en la época moderna. No existía en épocas anteriores a la modernidad.
La ciencia sin ideales se traduce en hechos, colección de experiencias. La ley que interpreta la experiencia funciona con la metafísica y con la ciencia misma Una teoría metafísica de la realidad, entendida con caracteres tan originales y tan nuevos como el ser social, histórica y relativa.
Una disciplina filosófica entera, la ciencia de la sociedad; hasta el punto de que la sociología, en manos de los sociólogos posteriores, no ha llegado nunca a la profundidad de visión que alcanzó en su fundador.
Este es, en definitiva, el aspecto más verdadero e interesante del positivismo, el que hace que sea realmente, a despecho de todas las apariencias y aun de todos los positivistas, filosofía.
Esta ciencia positiva es una disciplina de modestia; y ésta es su virtud. El saber positivo se atiene humildemente a las cosas; se queda ante ellas, sin intervenir, sin saltar por encima para lanzarse a falaces juegos de ideas; ya no pide causas, sino sólo leyes. Y gracias a esta austeridad logra esas leyes; y las posee con precisión y con certeza. En el plano político establecería que la libertad de conciencia ha de ser eliminada de facto dado que “impide el establecimiento uniforme de cualquier sistema de ideas generales, sin el cual no hay sociedad al proclamar la soberanía de cada razón individual”. Nota para mí, bastante significativa de un positivismo claro y no carente creo de toda lógica, no en vano, el Derecho o el ordenamiento jurídico de los países es derecho positivado y normalmente, instaurado por el legislador, que en las nuevas democracias necesita del consenso, en definitiva, de la mayor abstracción posible, es decir, su rasgo de Humanidad. Para Comte, el dogma de libertad de conciencia es el padre de todos los males. Ahora bien, tendremos en cuenta que sus reformas exigían de la metafísica en el sentido de que esta Humanidad, era el centro de toda la vida, que por tanto englobaba la parte racional o afectiva, la individual o social del ser humano. Y esta derivación salpica constantemente connotaciones religiosas y utópicas en todo lo que Comte establece.
Una y otra vez vuelve Comte, del modo más explícito, al problema de la historia, y la reclama como dominio propio de la filosofía positiva. En esta relación se da el carácter histórico de esta filosofía, que puede explicar el pasado entero y tal vez su cimentación en el plano subjetivo (Comte) la podríamos encontrar en una de sus frases. “La observación interior engendra casi tantas opiniones divergentes como individuos se entreguen a ella”. De ahí, su preocupación por la libertad de conciencia, de ahí que su alteridad se encuentre siempre referida al plano de la Humanidad, su claro exponente en la idea de la no existencia real de nada que se encuentre fuera de las fronteras de ésta, máxime en los planos moral e intelectual. La moral se rige por imperativos, en parte, que están fuera de ella misma. Todo lo que esta dentro de ella trata del individuo aislado. Quiere definitivamente un régimen eterno donde sus elementos se verán renovados únicamente con el devenir de los tiempos. Nuestros hijos reformaran lo anterior y esas variaciones no alteraran la forma sino el contenido en la medida que sea necesaria.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home