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Friday, June 23, 2006

Creatividad internauta


La casi infinitud de aplicaciones que tiene esta nueva tecnología, nos permite dar rienda suelta a nuestra imaginación y crear lo primero que se nos venga en gana.
Más tarde, podemos como está constatado, enseñarlo al mundo sin ninguna necesidad añadida. He observado la gran proliferación de blogs que se engorda a diario. Es la necesidad, casi imperiosa, de comunicación.

Si tenemos suerte, nuestro blog será visitado y sino, hemos creado algo que anteriormente no existía, materializamos por medio del arte nuestros sentimientos.

Estudio de Comte

Sobre Comte

¿Es la Filosofía algo inherente al hombre, la podemos clasificar, qué busca…, si como neófitos nos hablan del positivismo –qué entendemos-, hacía dónde podemos dirigir nuestros pasos para comprender semejante marchamo?

Podríamos comenzar buscando una definición global de la filosofía que nos oriente y paso a paso nos acerque a una comprensión, al menos abstracta del plano en el que queremos realizar nuestro aprendizaje.

¿Qué es la filosofía? Muchos se dan por satisfechos con la respuesta etimológico-psicológica: es el amor al saber. Como si el amor o el deseo de saber tuviera que ser, por sí mismo, filosófico, siendo así que casi siempre el deseo de saber es de índole práctica, tecnológica o científica, y muchas veces frívola curiosidad o curiosidad infantil; y como si la filosofía no fuese también algo más que un mero amor al saber, es decir, como si la filosofía no comportase por sí misma un saber, por modesto que sea.
La respuesta a la pregunta ¿qué es la filosofía? sólo puede llevarse a efecto impugnando otras respuestas que, junto con la propuesta, constituya un sistema de respuestas posibles; porque el saber filosófico es siempre un saber contra alguien, un saber dibujado frente a otros pretendidos saberes.

Por ello, nuestro término, que intentamos analizar bajo su maestro, que es en realidad el analizado, en su pretensión, en su idilio amoroso con el saber, emprende el un nuevo camino, innovador y distinto hasta entonces no dispuesto a refutación, no se encontraba en el tapete.

Parte Comte de la afirmación que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó estos estadios en su voluminosa obra Curso de filosofía positiva (6 vols., 1830-1842). Dada la naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por "tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo". En el estadio teológico los acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o positivo, se empeña en explicar todos los hechos mediante la aclaración material de las causas. Toda la atención debe centrarse en averiguar cómo se producen los fenómenos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas a su vez a verificaciones observacionales y comprobables. La obra de Comte es considerada como la expresión clásica de la actitud positivista, es decir, la actitud de quien afirma que tan sólo las ciencias empíricas son la adecuada fuente de conocimiento.








Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en determinadas actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en esas nociones que hablan del Derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos tales como el contrato social, la igualdad de las personas o la soberanía popular. El estadio positivo se caracteriza por el análisis científico o "sociológico" (término acuñado por Comte) de la organización política. Bastante crítico con los procedimientos democráticos, Comte anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de doctos que empleara métodos de la ciencia para resolver los problemas humanos y para imponer las nuevas condiciones sociales.
Aunque rechazaba la creencia en un ser trascendente, reconocía Comte el valor de la religión, pues contribuía a la estabilidad social. En su obra Sistema de Política Positiva (1851-1854; 1875-1877), propone una religión de la humanidad que estimulara una benéfica conducta social. La mayor relevancia de Comte, sin embargo, se deriva de su influencia en el desarrollo del positivismo.
Los tres estados

El querer saber está en plena armonía con la verdadera situación inicial de nuestra inteligencia, el ser humano busca ávidamente, y de un modo casi exclusivo, el origen de todas las cosas, las causas esenciales, los conocimientos absolutos. Se satisface la necesidad asimilando todos los fenómenos. Emprende Comte su teoría, con el saber Teológico, o estado Teológico y en él distingue tres formas que le pertenecen: fetichismo, politeísmo y monoteísmo.

Fetichismo: en que se personifican las cosas y se les atribuye un poder mágico o divino. La adoración de los astros caracteriza el grado más alto de esta primera fase. Se encuentra en la historia intelectual de todas nuestras sociedades.
Politeísmo: representa la libre preponderancia especulativa de la imaginación. En que la animación es retirada de las cosas materiales para trasladarla a una serie de divinidades, cada una de las cuales presenta un grupo de poderes: las aguas, los ríos, los bosques, etc. En su contexto, Comte, nos dice que la mayor parte de nuestra especia no ha salido todavía de tal estado.
Monoteísmo: la fase superior, en la que comienza la decadencia de la fase inicial, y ahora, todos esos poderes divinos quedan reunidos y concentrados en uno llamado Dios.
En este estado, predomina la imaginación, y corresponde a la infancia de la humanidad. Es también, la disposición primaria de la mente, en la que se vuelve a caer en todas las


épocas, y solo una lenta evolución puede hacer que el espíritu humano de aparte de esta concepción para pasar a otra. El papel histórico del estado teológico es irremplazable.

El metafísico

O estado abstracto, es esencialmente crítico, y de transición, Es una etapa intermedia entre el estado teológico y el positivo. En el se siguen buscando los conocimientos absolutos. La metafísica intenta explicar la naturaleza de los seres, su esencia, sus causas. Pero para ello no recurren a agentes sobrenaturales, sino a entidades abstractas que le confieren su nombre de ontología. Las ideas de principio, causa, sustancia, esencia, designan algo distinto de las cosas, si bien inherente a ellas, más próximo a ellas; la mente que se lanzaba tras lo lejano, se va acercando paso a paso a las cosas, y así como en el estado anterior que los poderes se resumían en el concepto de Dios, aquí es la naturaleza, la gran entidad general que lo sustituye; pero esta unidad es más débil, tanto mental como socialmente, y el carácter del estado metafísico, es sobre todo crítico y negativo, de preparación del paso al estado positivo; una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de llegar a la adulta.

El positivo

Es real, es definitivo. En él la imaginación queda subordinada a la observación. La mente humana se atiene a las cosas. El positivismo busca sólo hechos y sus leyes. No causas ni principios de las esencias o sustancias. Todo esto es inaccesible. El positivismo se atiene a lo positivo, a lo que está puesto o dado: es la filosofía del dato. La mente, en un largo retroceso, se detiene al fin ante las cosas. Renuncia a lo que es vano intentar conocer, y busca sólo las leyes de los fenómenos. Es la edad viril. La pura imaginación pierde irrevocablemente su antigua supremacía mental y se subordina necesariamente a la observación, construyendo un estado lógico.

Reconoce la imperfección de los medios especulativos, no se puede garantizar las existencias reales. Centra sus comentarios en la astronomía de la cual, extrae la relatividad de nuestros conocimientos debido a la especulación de sus transformaciones o alteraciones.

La observación es condición primordial de cualquier especulación científica y la interpretación ha de ser coherente para que la ciencia real no degenere. El verdadero espíritu positivo consiste en –ver para prever-, estudiar lo que es, y después concluir lo que será, por la invariabilidad de las leyes naturales.

El esfuerzo filosófico se verá contestado por las necesidades puramente mentales y estimulantes por los impulsos prácticos. Estos necesitan de orden y progreso, o de unión y extensión. En la maduración de nuestra mente, prescindimos de lo inaccesible, la filosofía positiva nos da una satisfacción más completa y real, respecto al orden y progreso. En cualquier cuestión existe una diferencia de apreciación entre apreciaciones estáticas y las dinámicas. Explicaremos y preveremos los fenómenos en su momento presente y pasado, el porvenir tendrá su parte de previsión en relación con otros datos.

La disposición que debe prevalecer en la filosofía positiva ha de ser siempre en cuanto al hombre, la sociedad y en cuanto a los fenómenos más sencillos, para formar una rueda de molino, que desde su punto inicial de su giro con retorno al mismo punto, es la actitud espontánea del espíritu positivo que constituye la unidad final de nuestro entendimiento. Nos indica esta premisa el fundamento filosófico de la sociabilidad humana dependiente de nuestra inteligencia, constructora de unidades lógicas, la fusión de la asociación humana de conformidad con sentimientos y la convergencia de intereses.

Hay predilección por los conocimientos reales, racionalidad y positividad Adaptación de nuestra conducta al orden natural. Advierte que la ciencia y el arte, por la falta de extensión de la filosofía natural, no han podido ser comprendidas convenientemente. La Humanidad necesita de un mejoramiento continuo de su propia naturaleza individual y colectiva, y así, aquellos han de ser necesariamente, políticos y morales, no sólo geométricos y mecánicos o químicos.

De la implantación anterior de la teología y la metafísica, nace irrevocablemente la necesidad de un orden nuevo. La insuficiencia social que estos ofrecen, la incipiente anarquía intelectual y moral de la crisis moderna, ha de llevar consecuentemente a la mayor aceptación del espíritu positivo. Sus antecedentes científicos y lógicos, su pureza ante las aberraciones contemporáneas la dotan de una generalidad filosófica que anteriormente faltaba. Lo actual es el resultado del estado anterior, es necesario el progreso hacia un fin determinado, las anteriores discusiones ontológicas no han llegado a demostraciones decisivas y por ello, los conocimientos positivos, extraños a filosofías antiguas, serán inspiradores del devenir. Es necesaria la constitución de una teoría sociológica que explique la totalidad del pasado humano.

Alcanzar la conquista, práctica y teórica, del dominio moral, entregado cada vez más a la razón humana. Ruptura de la condena a no poder fundar reglas de conducta más que por motivos quiméricos, eternizando una desastrosa oposición, entre las necesidades intelectuales y las necesidades morales. La teología es imprescindible para consolidar la moral

Junto a la ley fundamental de evolución, que necesariamente tiene que cumplir un aspecto dogmático y otro histórico, es decir ordenar las ciencias en un tracto sucesivo de dependencia y por otra parte, el orden cronológico con su extremo más reciente, las especulaciones son menos abstractas y a la vez más difíciles, pero eminentes y completas. Hombre y mundo exterior serán su preámbulo que nos prepara para la filosofía social. Evolución individual y colectiva. La astronomía reina madre por su positividad.

Mediante la jerarquía científica se deslinda el materialismo y el espiritualismo sobre toda especulación advirtiendo que ninguna ciencia puede llegar a una verdadera positividad si su carácter propio no se encuentra totalmente consolidado


En resumen:

Comte, es el fundador de la Sociología, fundamenta la ciencia positiva en el estudio de la Humanidad, abstracción de lo subjetivo sin desdeñar éste. Para Comte no puede haber una pluralidad, sino un abstracto absoluto divinizado. Es indispensable una reforma de la organización social y por paralelismo esencial la reforma del pensamiento y de las ciencias. Las reminiscencias del pasado siguen subsumidas en la sociedad, diría “los vivos son esencialmente gobernados por los muertos”en la que discurre su tiempo, en diferentes estadios y sociedades siguen vigentes los llamados – tres estados-, la más patente sin duda alguna es la metafísica, aderezada de un teología monoteísta y algún que otro brote de lo restante. Recordar que para el filósofo está convencido de que hay una radical convergencia entre la visión cristiana del hombre y lo que la filosofía ha descubierto de forma independiente, por medio de la razón, examinando el significado de la visión cristiana de Dios y del hombre, uno se encuentra que responden a rasgos que el pensamiento descubre. De esta forma alcanzan una validez independiente de la fe, con una justificación nacida del análisis de la realidad humana. Todo esto permite a Marías afirmar que para que la vida humana pueda ser lo que fenomenológicamente es, para que sea lo que se muestra, hace falta que haya Dios (este es un breve comentario de Julián Marías).
El espíritu positivo quiere instaurar un orden social “El orden se convierte en la condición permanente del progreso, en tanto que el progreso constituye el fin continuo del orden” La constitución de un saber positivo es la condición de que haya una autoridad social suficiente, y esto refuerza el carácter histórico del positivismo. Comte valora altamente el papel de organización que corresponde a la iglesia católica; en la época metafísica, corresponde la influencia social a los legistas; es la época de la irrupción de las clases medias, el paso de la sociedad militar a la sociedad económica; es un período de transición, crítico y disolvente; el protestantismo contribuye a esta disolución. Por último, al estado positivo corresponde la época industrial, regida por los intereses económicos, y en ella se ha de restablecer el orden social, y este ha de fundarse en un poder mental y social.
Es la reformulación del ordenamiento del conocimiento, aparentemente, una reflexión sobre la ciencia. Después de agotadas éstas, no queda un objeto independiente para la filosofía, sino ellas mismas; la filosofía se convierte en teoría de la ciencia. Así, la ciencia positiva adquiere unidad y conciencia de sí propia. Pero la filosofía, claro es, desaparece; y esto es lo que ocurre con el movimiento positivo del siglo XIX, que tiene muy poco que ver con la filosofía.
Pero en Comte mismo no es así. Aparte de lo que cree hacer hay lo que efectivamente hace. Y hemos visto que:
Es una filosofía de la historia (la ley de los tres estados) No es de extrañar, filósofos de renombre, Ortega, Marías, etc, otorgan una importancia vital al pasado, en relación de alteridad entre los distintos estadios. Las bases fundadas siempre son refutadas por las nuevas disposiciones, pero para ello ha habido que tenerlas en cuenta, que estudiarlas y entenderlas. Viene a ser como la necesidad de momentos presentes que necesitan ser renovados por las necesidades que se subsumen en los en su cotidianeidad, ávidos de nuevas perspectivas, de nuevos puntos de vista que no nos mantengan anclados en cotas inamovibles. A pesar de lo dicho, para él, el problema del progreso nace en la época moderna. No existía en épocas anteriores a la modernidad.
La ciencia sin ideales se traduce en hechos, colección de experiencias. La ley que interpreta la experiencia funciona con la metafísica y con la ciencia misma Una teoría metafísica de la realidad, entendida con caracteres tan originales y tan nuevos como el ser social, histórica y relativa.
Una disciplina filosófica entera, la ciencia de la sociedad; hasta el punto de que la sociología, en manos de los sociólogos posteriores, no ha llegado nunca a la profundidad de visión que alcanzó en su fundador.
Este es, en definitiva, el aspecto más verdadero e interesante del positivismo, el que hace que sea realmente, a despecho de todas las apariencias y aun de todos los positivistas, filosofía.
Esta ciencia positiva es una disciplina de modestia; y ésta es su virtud. El saber positivo se atiene humildemente a las cosas; se queda ante ellas, sin intervenir, sin saltar por encima para lanzarse a falaces juegos de ideas; ya no pide causas, sino sólo leyes. Y gracias a esta austeridad logra esas leyes; y las posee con precisión y con certeza. En el plano político establecería que la libertad de conciencia ha de ser eliminada de facto dado que “impide el establecimiento uniforme de cualquier sistema de ideas generales, sin el cual no hay sociedad al proclamar la soberanía de cada razón individual”. Nota para mí, bastante significativa de un positivismo claro y no carente creo de toda lógica, no en vano, el Derecho o el ordenamiento jurídico de los países es derecho positivado y normalmente, instaurado por el legislador, que en las nuevas democracias necesita del consenso, en definitiva, de la mayor abstracción posible, es decir, su rasgo de Humanidad. Para Comte, el dogma de libertad de conciencia es el padre de todos los males. Ahora bien, tendremos en cuenta que sus reformas exigían de la metafísica en el sentido de que esta Humanidad, era el centro de toda la vida, que por tanto englobaba la parte racional o afectiva, la individual o social del ser humano. Y esta derivación salpica constantemente connotaciones religiosas y utópicas en todo lo que Comte establece.
Una y otra vez vuelve Comte, del modo más explícito, al problema de la historia, y la reclama como dominio propio de la filosofía positiva. En esta relación se da el carácter histórico de esta filosofía, que puede explicar el pasado entero y tal vez su cimentación en el plano subjetivo (Comte) la podríamos encontrar en una de sus frases. “La observación interior engendra casi tantas opiniones divergentes como individuos se entreguen a ella”. De ahí, su preocupación por la libertad de conciencia, de ahí que su alteridad se encuentre siempre referida al plano de la Humanidad, su claro exponente en la idea de la no existencia real de nada que se encuentre fuera de las fronteras de ésta, máxime en los planos moral e intelectual. La moral se rige por imperativos, en parte, que están fuera de ella misma. Todo lo que esta dentro de ella trata del individuo aislado. Quiere definitivamente un régimen eterno donde sus elementos se verán renovados únicamente con el devenir de los tiempos. Nuestros hijos reformaran lo anterior y esas variaciones no alteraran la forma sino el contenido en la medida que sea necesaria.

otros tiempos


Buenas amigas del Bachiller

trianera



Esta es un práctica de una pintura de Soroya. óleo sobre lienzo

hombre-óleo


Es un trozo de tabla, cualquier objeto es bueno para pintar. Se puede pintar sobre muchos soportes. Motivo: lo que se te ocurra, o sino, cualquier imagen que se encuentre. La práctica es interesante para el progreso.

Óleo marina


Ejecución rápida de este óleo para expulsar tensiones de otros cuadros más lentos.

Wednesday, June 21, 2006

Habrá que reflexionar sobre la influencia Filósofica Alemana en la creación del Derecho


Espero sacar conclusiones sobre esta influencia, ahora y en principio con Hegel, sobre la creación del Estado.


Hegel dirá:
"En la medida que el Estado recoga la satisfacción del individuo existirá una mayor conexión entre ambos".

Estudio de Hegel



INTRODUCCIÓN.

Podemos apreciar como todos los filósofos inciden en la importancia de los antecedentes históricos en relación a la propia filosofía, a sus propios razonamientos. Es indispensable su presencia como dato constatado de lo que somos y de cual has sido nuestro procedimiento para llegar al tiempo presente desde donde se analiza la cuestión que se determine. Nuestros posos vistos desde el historiador y bajo el punto de vista filosófico son datos esclarecedores de la realidad vivida que no es otra que la que se plasma en su leyenda.

Hegel llega a la conclusión de que la diversidad conlleva una falta de imparcialidad, por lo cual no podrá la historia verse desde un marco interpretativo de racionalidad a no ser que se haga precisamente bajo este prisma somero de la razón. La historia tiene su elenco dependiendo de los enfoques en los que se constata. Si es el propio historiador coetáneo a su tiempo el que narra las visicitudes de ese mismo momento, nos encontraremos con un tipo de historia original. Si no se produce in situ y, el que cuenta, se centra en ver las consecuencias del tramo estudiado, nos encontramos ante una historia reflexiva. Pero si lo que se trata es la comprensión que organigramas han regido la historia del mundo, cual es el espíritu que ha movido la sazón del tiempo, entonces nos hallamos frente a la filosofía de la historia.

Si no me encuentro equivocado nos hayamos en el postmodernismo, que no deja de ser, sin duda alguna, la nueva alteridad, el nuevo estadio al que ha dado paso el modernismo. Nuestros puntos cardinales y para los posibles planteamientos que de él hagamos, serán los de su propia época, los tiempos por él vividos, es hijo de la burguesía que florece tras la revolución francesa, será este el marco donde su prisma de la historia anterior es visto desde el punto de vista de la razón. El siglo XIX, ha todas luces es originario de estadios hasta entonces nunca vividos. Se aposenta la División de Poderes y el emancipar de la persona individual frente a la autarquía. El hombre se aúna para la consecución de fines comunes y es ya sabedor de que posee una parcela propia, subjetiva, íntimamente particular que es su propia libertad, de esa libertad hace participe al resto de realidades, a la clase humana para, restando un porción de la misma protegerse contra agentes exteriores.

Es mediante este paso como la Historia de la Humanidad adelanta un estadio a través del cual el hombre camina como ente, a priori, sabedor de su cualidad de –hombre libre-, pero consciente del entorno que le rodea. Hegel delinea una teoría de la Historia y del Estado muy vivo con el momento en el que vive.

Como entrante dirá que la filosofía de la historia universal no es otra cosa que la consideración pensante de la misma, pensante distinción ante y como rasgo, del resto de seres vivos.

La historia es historia mientras que la filosofía son pensamientos propios generados por la propia especulación. Considero que si nos preguntamos el –por qué- y –hacia dónde- somos lo pensante, sin el pensamiento no se evoluciona, y somos evolución. La suma de las evoluciones es el Absoluto. Somos capaces de crecer, para Hegel es principio, y por el principio de la causalidad basa la analítica, que junto a la dialéctica, forman un estrato sólido a través de los cuales informará en sus estudios.


El primer reproche que hace la historia a la filosofía es abordar a aquélla con pensamientos y considerarla según pensamientos. Hegel dirá: “la razón gobierna el mundo” y que la historia universal ha transcurrido racionalmente, es el espíritu el que rige en cada etapa de la historia tal y como se desenvuelve en sus etapas Al dato de que ella misma es su propio presupuesto, su propio fin y finalmente ella misma es su propia actividad, es una razón de peso para plasmar como contenido fundamental de la filosofía de Hegel. Significa su emancipación Kantiana. La razón es infinita y necesita saber de la realidad total.

Hago un pequeño preámbulo antes de seguir, para consolidar la praxis que puedo esgrimir hasta este momento, y es que, si nos damos cuenta, filosofamos en todo momento, somos hijos de la historia y de la propia filosofía, nuestro proceder tiene su asunción en la propia individualidad. En nuestros momentos presentes somos participes de la heredad de ambas disciplinas, de su esfuerzo y trabajo en el esbozo de la propia Humanidad, que como vemos con Comte, es la abstracción de lo Absoluto y para Hegel será la máxima realidad, el colorario del todo. Una realidad ascendente que se basa en la racionalidad que se ve superada constantemente, a cada momento, en su devenir. Practicamos filosofía y hacemos historia a diario, tal vez sin darnos cuenta, pero se estudian las leyes plasmadas en el pasado, se especula sobre los pensamientos, nos preparamos para un futuro mejor, avanzamos en todos los sentidos (tesis-síntesis-antitesis-síntesis-vuelta a tesis). Si atendemos a la fórmula del Estado de Hegel nos damos cuenta (será criticable), que lleva su gran parcela de razón, ¿cómo puede evolucionar el hombre en una sociedad, con disparidad de criterios, ideologías, acciones, religiones, si no es con un régimen que abarque una unidad, la propia racionalidad del hombre? Sólo podremos avanzar bajo ese rasgo, sin él, nos veremos abocados a finales inesperados. Nuestra colección de saberes, de la que podemos hacer gala en nuestro presente, ha de estar para Hegel, basada en el conocimiento no en la mera acumulación de ellos, conocimiento racional para una visión de conjunto, del todo. La existencia humana es una, su espíritu y sustancia, uno.

Lo que hacemos, lo que somos lo que pensamos, debe servir de norte para nosotros, no nos servirá de nada estudiar a Hegel sino tenemos nuestras propias conclusiones racionalizadas e impregnadas en nuestra realidad patente. El fruto de la enseñanza, del esfuerzo de los hombres en el camino de la vida, del uno, de Dios, de la propia existencia, ha de estar teñido del raciocinio de nuestro pensar. Especulemos con lo que nos dan para sacar de ello nuestras propias tesis, que se vean igualmente refutadas nuestras hipótesis y que su sustancia sea la claridad, el jugo para nosotros. Sólo ante esta forma de avanzar seremos capaces de ser fieles al compromiso de la propia existencia. En estos planos, Hegel deja su protagonismo a los historiadores, haciendo del famoso aforismo una verdad “dar al César lo que es del César” y dejando sus apriorismos a los propios historiadores, pero embutido de la reflexión, del mirar racional de los estadios pasados. La razón ha gobernado y gobierna el mundo dirá y por tanto, es obligación del historiador le interpretar la historia con racionalidad.

Hay elementos en la historia que no han sido evidentes en toda su línea y ciertos filósofos han omitido la razón en sus disposiciones aduciendo tan sólo causas externas. El fin mismo es pueblo, son totalidades que son estados, la fe, la providencia general que gobierna el mundo, no nos debe contentar. La filosofía no puede apartarse de su camino, deberá hacerse cargo del contenido de la religión, que las materias se encuentran conectadas, que lo nuestro es una teodicea. En la propia historia universal se nos presenta la historia de la masa del mal concreto.

Debemos determinar la abstracción del espíritu. La historia universal es la presentación del espíritu, de cómo él labora por llegar a saber lo que es en sí. La conciencia de libertad, el hombre es libre como tal, sólo llega a ser patente en su totalidad con la comunidad germánica, donde y gracias al cristianismo, la libertad del espíritu constituye su propia naturaleza. La organización de los estados, la aplicación del principio de racionalidad es un proceso que constituye historia misma. Deja patente que la historia universal es el progreso de la conciencia de libertad. La división se encuentra en lo engendrado hasta entonces, el uno es libre, algunos son libres y que, el hombre es libre en cuanto hombre (orientales, griegos y germanos respectivamente).

La libertad por sí misma encierra en sí la infinita necesidad de llegar por sí a la conciencia, pues ella es, según su concepto saber de sí, y con ello realizarse; es el fin que ella realiza y el fin único del espíritu. Hegel, se pregunta después de esta exposición: ¿de qué medios se sirve?

Dice que si la libertad es en principio el concepto interno, los medios serán lo externo, lo manifestado, pero éste en la historia, nos muestra las acciones de los hombres que emanan de sus necesidades, las pasiones, sus intereses y la presentación de sus fines, aparecen todos como móviles. La propuesta de los individuos de móviles universales es limitada, ya que los entes asilados frente al mundo son insignificantes. Las virtudes también podrían servir de ejemplo, pero quedarían como ejemplo de individuos aislados. Las pasiones son un rasgo para él de gran poderío y preponderancia sobre todo lo demás, fines de interés particular y satisfacción del egoísmo.

Si queremos saber de la racionalidad de Hegel, basta echar un vistazo a nuestra realidad. Cómo funcionan nuestras sociedades. Somos economía y Estado. El gran flujo circular de la renta se basa en la satisfacción de las personas que se plasman en él. Se trata en principio, de plena satisfacción en las exigencias de unos y otros, economías domésticas – empresarios, eso ante todo, si esto no fuese así no funcionaría. La máxima de la utilidad marginal de consumir una unidad más, es consustancial a los fines y a la satisfacción.
Y sigue, ahora nos incluye el lado negativo del hombre, aduciendo que se trata de la voluntad, ésta le define como tal y le diferencia del mundo animal. Otro dato significativo de las bases que se van aposentando. Conciencia y voluntad, los nexos en la causalidad son puntos intermedios entre la acción que necesita de aquéllos y el resultado, un resultado que puede variar el exterior o no. Base de la Ciencia del Derecho Penal en una figura fundamental como es el dolo (comentario acerca de las aplicaciones a las que me refería anteriormente).

Las leyes y los principios, no viven ni prevalecen inmediatamente por sí mismos, es la necesidad humana, el instinto la inclinación junto a la pasión los que los mueven. Para él, el segundo momento esencial de la libertad es que el sujeto se encuentre a sí mismo satisfecho en sus actividades. Se dice que aquí no interviene un fin general y dirá que quien actúa a favor de una cosa, está interesado en general, y en ella. Es necesario que esto, se vea recubierto de la necesidad de razonamiento, del entendimiento, de la razón.

Hila este segundo momento con el Estado, si éste une sus fines generales al interés privado de los ciudadanos, será vigoroso y estará bien construido. Cuando los unifica llega el florecimiento. Pero…, la historia universal no comienza con cualquier fin consciente, empieza con el fin universal, que el concepto de espíritu sea satisfecho solo en sí – es decir, como naturaleza, el trabajo de la historia universal será el de hacerlo consciente. La conciencia debe saber cual es su fin último, el concepto de espíritu. La acción en sí del individuo carece todavía del lado intelectual y volitivo. Lo universal, lo sustancial es realizado por la acción.

La religiosidad, la eticidad, etc., existen en los individuos, entregadas a la libertad individual es donde recae su culpa.

Como conclusión y por no alargar lo que puede ser el resumen de lo leído:

Nos habla de la pasión, la pasión es de suponer es lo que ha movido a Hegel para organizar su pensamiento su idea básica de racionalidad, su interés en una dialéctica de la realidad, para dar rienda suelta a su subjetividad embozada de la objetividad del todo. No puedo concebir, que el genio, el esfuerzo, la dedicación de una vida entera a una materia, a una creencia, a un estudio, a esa pasión en definitiva (valga la reiteración), no se mueva a raíz de esta pauta.

Lo subrayado en párrafos anteriores y en negrita son las herramientas de que se ha servido para servir su idea de historia universal: evolución, espíritu que rige en cada etapa de la historia (nacer y morir-nacer, es la dialéctica de la realidad), la razón y finalmente, la libertad (conciencia de libertad).

Yo creo que de su dialéctica se podría sugerir todo su pensamiento de la historia. Si comenzamos analizando al individuo todo lo que a él se le aplica se aplica posteriormente a al historia. Nacer, morir-nacer, evolución, se ha plantado una semilla que germina, nace, crece y muere, que ha dado paso a una evolución, y comienza el ciclo de nuevo.

Para Hegel, la realidad es dialéctica y a ésta se le suma el conocimiento que es una manifestación de lo real y una manifestación de la naturaleza dialéctica de la realidad. Son conceptos que hemos de entender para entender la filosofía de Hegel. Para explicarlo habría que remontar a lo primario, los hechos, que son resultado de un juego interno de relaciones, que finalmente son las cosas. Hay una contradicción, es decir, lo nuestro no es nada sin un antagónico, sin algo que lo contradiga, y gracias a esta contradicción nos integramos en el todo, por tanto, nuestras posiciones sólo pueden ser comprendidas y explicadas en relación al todo. De no ser así, yo estaría sólo en el universo (es mi deducción). Si nos sumergimos más, abre el campo y, cada realidad, es un momento del todo, cada momento nuestro es, forma y se extingue en el todo y de esta guisa encomilla “que lo verdadero es el todo”, la suma de todas las realidades forman el todo. Cuenta con ellas pero son dependientes de la totalidad, la totalidad es lo verdaderamente real. La indagación es la fuente del conocimiento, ser-pensar, y aquél tiene una estructura dialéctica, la realidad es dialéctica y como resultado el conocimiento también lo es. Cómo lo verdadero es el todo, las dualidades saber-pensar, o conocimiento-realidad,…, son inexactas, pero si subsiste la relación entre objeto-sujeto.

A partir del conocimiento de estos términos impregnados en su dialéctica, estaremos en disposición de entender su filosofía sobre la historia universal.

Rasgo destacable del resumen de este trabajo, es la llamada “conciencia de libertad”, no me queda otro remedio que acercarme al concepto por parecerme indispensable, insustituible en el desarrollo de la humanidad, de la Historia. Llegar a tener esa conciencia “de sí”, es el punto donde emerge, donde florece una nueva perspectiva de cotas inimaginables para todos los posteriores desarrollos. Para Hegel, la libertad se alcanza mediante la religión. Ahora bien, ¿se podría haber alcanzado el Espíritu sin ella, ese espíritu, que movido por la pasión hado nombres en la historia?. No.

Para Hegel, contrario a la teoría de Kant, la razón es infinita, razón y espíritu tienen el mismo punto de vista, la misma cota que alcanzar: libertad.

Nos movemos en nuestros momentos presentes, ante la realidad de que se ha instaurado en los países unos regímenes que llevan a sus espaldas las directrices de las personas que están adscritos a ellos, bajo diversas formas. Nos conduce directamente al contrato social, que no es otra cosa que lo que plasma Hegel cuando nos dice que el hombre es libre como hombre, su libertad con el devenir de los hechos, se convierte en sujeto-objeto, o lo que viene a ser lo mismo, la distinción entre individuo-colectividad, con la libertad, con el saberse el individuo libre y con la abolición de la esclavitud, nace el sentimiento de materializar su libertad. Estos estados son los encargados de realizar el interés universal. Si llevamos esto al extremo de nuestra historia, nos posicionamos aquí y ahora, hacemos patente lo que Hegel preconiza en sus síntesis, nuestros intereses particulares, y nuestra libertad son elementos que han de conjugarse en el Estado. Si el Estado atiende la satisfacción de intereses, todo irá bien. Tenemos en cuenta la entrega de la parcela de libertad que subyace en el individuo, será la Ética social que el Estado tiene impresa a la que damos ese rescoldo para que a su vez, obtengamos un grado de protección. Y por ello, deducimos las modas por así decirlo, o los distintos modos de acceder a la evolución, el tracto sucesivo para mejor. Qué esto esté realmente impregnado en nuestros gobiernos, que finalmente son la materialización del Estado, hoy, en nuestro caso, ya no gobierno, sino presidente que no es un mero primus inter pares, sino un verdadero director de orquesta, donde su camarilla esta sujeta a sus designios, esto es otro cantar.

Para Hegel la historia universal es una remodelación de cada etapa anterior, que mediante, la dialéctica, toda asunción de conocimiento de libertad, el espíritu, la pasión que en cada momento ha movido al mundo, la razón, da como resultado la conjunción de lo que somos.